crónica de una muerta anunciada

Sergio Berrocal Jr. | Unipress

La muerte de la princesa Diana siempre ha estado rodeada de misterio. La exmujer de Carlos de Inglaterra, heredero del trono británico, se mató en un accidente de tráfico bajo el Puente del Alma de París, la noche del 31 de agosto de 1997, tras una persecución por parte de unos paparazis. A punto de cumplirse veinticuatro años de su muerte, me vino a la mente el recuerdo de aquel día pues yo no estaba presente cuando el coche se despedazó, pero oí alto y claro, cuando el periodista de France Presse lanzo la noticia “El coche en el que viajaba Lady Di con Dodi Al-Fayed se acaba de estrellar bajo el Pont de l’Alma”

En medio del túnel del Puente del Alma, y aún sin saber bien el por qué, la lujosa limusina chocó contra un pilar. Al Fayed murió al instante; Diana, horas después. El conductor que, según la policía, conducía a una velocidad que podría superar los 150 km/h, había ingerido un cóctel de alcohol y fármacos. Sólo el guardaespaldas, que viajaba en el asiento del acompañante, pudo salvarse. Uno de los puntos al que más se hace referencia al explicar la muerte de Diana es que, según la posterior investigación, ninguno de los ocupantes usaba cinturón de seguridad. Pese a las medidas de seguridad del vehículo, la utilización de este implemento hubiese sido quizá salvador.

No obstante, existe una historia paralela con ese coche de color negro conducido por Al-Fayed. Fue adquirido por un empresario en 1994, pero al poco tiempo lo robaron y apareció averiado en París. Luego de ser arreglado por completo, fue comprado por la compañía Etoile Limousine, una firma de autos de lujo que operaba, entre otros centros, con el hotel Ritz. De acuerdo con el director de la compañía, el auto había sido usado por un alto funcionario de Mercedes-Benz de Francia, pero también reconoció que, al incrementar la velocidad, acusaba fallas.

Después de más de dos décadas, todavía no está totalmente claro qué sucedió aquella noche. La única certeza es que tres de los cuatro ocupantes fallecieron y ninguno usaba cinturón de seguridad. El guardaespaldas que salvó su vida lo hizo de milagro, pero tuvo que ser operado decena de veces.

La historia dice que Lady Di y su pareja huían de unos paparazis. Sn embargo, quienes estuvieron en primera fila siguen diciendo que aquellas persecuciones no eran debidas a los paparazis y si a agentes del M16 británico. Ironías de la vida o no, aquel día yo me encontraba entrevistando en el hotel Naoum Plaza, en Brasilia, muy lejos de París, a una muchacha barranquillera de origen libanesa que debutaba por las Américas con un álbum titulado “Pies descalzos”. Recuerdo que aquella muchachita de nombre Isabel ya por aquella época, andaba anotando estrofas y versos para un proyecto que tenía en mente, meses después aquellas notas se convirtieron en álbumes tras álbumes y junto a ellos aquella muchachita de cabello largo azabache se transmutó de alguna forma en aquella cantante colombiana llamada tan solo Shakira.

En aquellos años mientras Shakira se subía al escenario de la capital brasileña y Hugh Grant junto a Julia Roberts lanzaban en los cines aquella maravillosa película titulada Notting Hill Lady Di perdía la vida. Aun hoy dicen confidencialmente que aquel accidente “hoy justificado” fue más bien un asesinato orquestado.

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